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MIL ROSAS PERFUMADAS (Soneto Alejandrino)

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    MIL ROSAS PERFUMADAS (Soneto Alejandrino)    Mil rosas perfumadas y mirra de ternura, te ofrezco albo cordero, ¡toda mi vida entera! A tus celestes cielos, animada, subiera, ¡Para ya contemplar, tu radiante figura!   ¡Manantial de verdad, armiño de dulzura! Por la bondad de tu alma, mi pecado rompiera, de tus rosas de amor, entera la cubriera; ¡Se volvería entonces en blanca nieve pura!    A tus albos palacios, ¡yo pudiera ingresar! Y poder contemplar su belleza infinita; el premio merecido, para los hijos buenos.   En este duro mundo, ¡tú ayúdame a luchar! Para pronto alcanzar, ¡esa gloria bendita! Las penas olvidar, ¡y tener tiempos plenos!   Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados  

EL VIRUS EN LA NOCHE

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  EL VIRUS EN LA NOCHE  Desde mi ventana veo brillar las luces de la ciudad, una ciudad con luces de caras festivas y alegres; alegría que contrasta con la fatalidad que derrama las melenas del virus en sus pieles matutinas. Pero un sol arriba grita: la esperanza llega ya. Y los hombres duermen en sus casas, confiados que esta terrible pandemia pasará. Miro largamente la ciudad desde mi ventana, ¡Y cómo ansío que ya vuelva la normalidad! ¡Qué salgamos a reunirnos en fiesta de alegría con toda la humanidad! Quiero abrazar a mi padre que no veo en meses; quiero decirle que lo amo así como es. Quiero salir a la playa o ir a un parque verde y respira aires de libertad. Quiero que los hombres trabajen tranquilos que lleguen relajados a sus hogares que las mujeres salgan a pasear sosegadas con sus niños. Esta noche iluminada, ¡qué paz me da! aquieta mis ansias y mi sentimiento de orfandad. Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados

SE SILENCIARON LOS CONCIERTOS

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  SE SILENCIARON LOS CONCIERTOS   La música del violín ha callado sus cuerdas en un futuro incierto, dejando el paisaje desolado y casi muerto.   El sol de los conciertos ya no habla,  la diosa de la música  guardó sus blancos vestidos alegres.   Es un ocaso sin notas musicales, con un sol que lentamente enmudece entre tintes naranjas deslucidos.   La pandemia ha apagado la voz de los músicos y de los cantantes. Los conciertos llenos de gente hoy lucen desérticos desolados. Nosotros sabemos que es por nuestro bien, pero duele no tener la compañía de sus violines, violonchelos, pianos y demás. Duele no gozar de un concierto al aire libre, y ver a nuestros cantantes sin trabajo.   Un ocaso sin música,  un ocaso, sin el sol de la voz de los artistas y cantantes ha pintado el odioso virus.   Nosotros resignados aceptamos, pero ansiosos esperamos el retorno del jolgorio, del baile ...